
Squid no solo toca música; diseña un caos controlado. Emergiendo de la fértil escena musical de Brighton, este quinteto se ha labrado un espacio singular en el panorama post-punk, con un sonido que es un cóctel volátil de guitarras angulares, ritmos propulsivos y la voz distintiva, a menudo frenética, de Ollie Judge. Los marcadores de género resultan insuficientes: la precisión motorik del krautrock choca de frente con la energía nerviosa del art-rock, todo filtrado a través de una lente distintivamente británica. Su álbum debut, "Bright Green Field", consolidó su reputación, una declaración extensa y ambiciosa que cimentó su posición como una de las bandas más emocionantes e innovadoras del momento. El éxito del álbum los catapultó a escenarios internacionales, ganándose el aplauso de la crítica por sus intensas actuaciones en vivo. La música de Squid no se trata solo de sonido; es una experiencia, un viaje visceral que deja al público sin aliento. Su impacto cultural radica en su negativa a ser encasillados. Adoptan la experimentación, tejiendo narrativas complejas en su música y superando los límites de las convenciones de género. Si bien las colaboraciones han sido limitadas, su influencia se siente en la creciente ola de bandas de rock experimental que buscan desafiar el status quo. Con su segundo álbum "O Monolith" lanzado con similar aclamación, Squid continúa evolucionando, prometiendo aventuras sonoras aún más impredecibles y estimulantes.