Sam Bush no es solo un virtuoso del mandolín; es un iconoclasta que reinventó el bluegrass. Nacido en Kentucky, imbuido de música tradicional desde la cuna, rápidamente absorbió las melodías de Flatt & Scruggs y Bill Monroe. Pero el joven Bush no se conformó con replicar el pasado. Anhelaba empujar el bluegrass más allá de sus límites percibidos, inyectándole elementos de rock and roll, jazz e incluso reggae: una fusión audaz que inicialmente levantó cejas en Nashville. La formación de New Grass Revival a principios de los 70 con Bela Fleck, John Cowan y Courtney Johnson se convirtió en un pararrayos, atrayendo tanto a fanáticos fervientes como a detractores acérrimos. "Manhattan Man", con sus explosivas carreras de banjo y la voz conmovedora de Cowan, se convirtió en un himno para una generación ansiosa por un sonido bluegrass más progresista. La maestría de Bush con el mandolín es innegable, un torbellino de dedos danzando sobre el diapasón con una velocidad y precisión que deja al público sin aliento. Pero su verdadero genio radica en su habilidad para fusionar géneros sin problemas, creando un tapiz sónico que es a la vez familiar y completamente único. Un colaborador constante, ha compartido escenarios y estudios con artistas tan diversos como Emmylou Harris y Lyle Lovett, agregando su firma de mandolín a sus paisajes sonoros. Incluso ahora, décadas después de comenzar su carrera, Sam Bush continúa innovando, buscando constantemente nuevas formas de expandir los límites del bluegrass y consolidar su legado como el "Rey del Newgrass." Su música no es solo un sonido; es una experiencia.