
Puggy, el trío con sede en Bruselas, no es simplemente otra banda de indie-pop; son arquitectos de paisajes sonoros brillantes, creando himnos que se alojan en tu conciencia con una persistencia casi inquietante. Forjado en el crisol del resurgimiento indie de finales de la década de 2000, Puggy filtra influencias que van desde el intrincado trabajo de guitarra de Bloc Party hasta las sensibilidades melódicas de Keane, lo que resulta en un sonido que es a la vez familiar e innegablemente propio. Su álbum debut, *Dubois Died Today*, marcó la llegada de una fuerza formidable, pero fueron lanzamientos posteriores como *Something You Might Like* y *To Win the World* los que cimentaron su posición como elementos básicos de los festivales en toda Europa. Lo que distingue a Puggy es su compromiso con una energía implacable, tanto en el disco como en sus presentaciones en vivo notoriamente cautivadoras. Piensa en ganchos infecciosos superpuestos a ritmos potentes, impulsados por la intensidad cruda de la voz del líder Matthieu Quesnel. Los proyectos recientes sugieren una exploración continua de texturas sónicas, lo que insinúa una banda en perpetua evolución sin dejar de ser fiel a los elementos centrales que los hicieron resonar con el público en primer lugar. Su longevidad en una industria voluble dice mucho: Puggy no solo está haciendo música; están construyendo un legado.