
Ina Nia no solo crea música; ella esculpe ecosistemas sónicos. La artista afincada en Zúrich, cuyo nombre se susurra en los círculos más entendidos de la música electrónica, teje tapices sonoros intrincados que fusionan la fría precisión del techno minimalista con el pulso cálido y emotivo del deep house. Sus temas, a menudo puntuados por su propia voz etérea, crean una experiencia inmersiva que se aleja de los clichés predecibles del género. El ascenso de Nia comenzó en los clubes underground de su Suiza natal, construyendo lentamente una base de seguidores devotos con sus sets de DJ hipnóticos y sus producciones introspectivas. Su EP revelación, "Ephemeral Echoes," lanzado en