Desde el underground romano hasta el frente del reggae italiano, Brusco no solo ha navegado por el género; se ha convertido en su órgano vital. Su voz áspera, infundida con una potente mezcla de comentario social y fanfarronería callejera, corta a través de la dulzura sacarina a menudo asociada con el pop convencional, entregando una experiencia cruda y auténtica. El sonido de Brusco, aunque arraigado en los ritmos clásicos a contratiempo del reggae, se nutre libremente de la energía frenética del dancehall y la destreza lírica del hip-hop. Su avance llegó con himnos de principios de la década de 2000 que resonaron profundamente con una generación que lidiaba con las realidades socioeconómicas. Brusco no solo cantaba sobre eso; lo estaba viviendo. Su música se convirtió en una banda sonora para las comunidades marginadas, una voz para los que no tienen voz. Más allá del mensaje, Brusco se hizo un hueco a través de prolíficas colaboraciones, prestando su voz distintiva a diversos proyectos. Desde el cargado comentario político de temas como "Ancora Ancora" hasta su trabajo más reciente e introspectivo, la identidad artística de Brusco permanece firmemente arraigada en la autenticidad. Si bien evoluciona constantemente, su compromiso de representar la calle permanece inquebrantable. Los lanzamientos recientes muestran una continua exploración del sonido, reafirmando su lugar como piedra angular del reggae italiano.